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Yo tenía treinta y un años, una hija de cuatro y mil cien dólares en la cuenta corriente el día que Marco
Hay una casa a medio caer en la esquina de la calle Guayabo, en Sabana Grande, ese barrio de casas bajas
Damaris colgó la secadora en el gancho de la puerta del baño y se quedó mirando la marca de agua que
Nadie me preguntó, pero si alguien lo hiciera, diría que la vida se decide en las tardes de agosto, cuando
El viento de enero arrastraba nieve fina y punzante sobre la carretera, a las afueras de Santa Fe.
Un domingo cualquiera, con las manos todavía rojas de tanto lavar maíz, acompañé a mi esposo y a su hija
A las doce y media del mediodía, el pastel de pañales seguía sin llegar y el hielo de la limonada ya
Un corazón tranquilo El taladro inalámbrico se calló cuando Fernanda subió al rellano. En la escalera
Compré el boleto un martes, con la tarjeta de crédito, y no se lo dije a nadie. Quería ver a Jimena plantada
La noche en que volví a ver a Camila, llovía sobre Coral Gables como si el cielo estuviera decidido a









