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El año pasado, para estas fechas, yo ya estaba hincada sobre la tierra caliente del valle. Este año no.
El domingo por la tarde, la casa olía a frijoles refritos y a tortillas calentándose en el comal.
Cada verano, desde que Mateo cumplió ocho años, mi esposa Rosa y yo lo llevábamos a Fresno a pasar dos
Me llamo Valeria Peña. Y hoy, a los treinta y un años, todavía me despierto a veces con el sonido de
# La noche en que Emilio dejó de ser invisible El viernes por la noche, el restaurante La Mariposa olía
Mi hija llegó un martes por la tarde, sin avisar, con una carpeta azul bajo el brazo. Yo estaba en la
Me dieron de alta del hospital un lunes de lluvia, esa llovizna fina de noviembre que se pega a la ropa.
Mi hermano golpeó la mesa de la cocina con tanta fuerza que el frasco de café instantáneo saltó y casi
Verónica Salazar tenía treinta y cuatro años y once de experiencia como supervisora de operaciones en
—Ella se queda con nosotros hasta que arreglemos los papeles del divorcio y vendamos la casa —dijo Rubén









