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La terraza del hotel de South Beach olía a sal y a bloqueador solar rancio. Las luces de Miami parpadeaban
La taquillera deslizó las monedas de vuelta bajo el vidrio y soltó un suspiro. —Mi niña, mirar desde
El cajero de la taquilla deslizó las monedas de vuelta bajo el vidrio y dijo, con esa voz de quien ha
Esa noche de sábado, el aire en el patio trasero de la casa de mi suegra olía a jazmín y a carne asada.
El vestíbulo de la mansión en Coral Gables olía a gardenias y a dinero viejo. Era un silencio espeso
El sábado amaneció demasiado claro, de esos días que parecen burlarse de lo que está por venir.
Aquella mañana en la Estación de Ambulancias del Este de Los Ángeles arrancó como cualquier otra.
Vicente Rojas irrumpió en la habitación 314 del Hospital Jackson Memorial con el sigilo de una pantera
El viento aullaba como un lobo herido. Las olas golpeaban el casco del yate blanco con una violencia
La terraza del café en Old Town estaba repleta a las once de la mañana. Turistas tomaban fotos del quiosco









