ES
—Ese bicho es suyo, ¿verdad? —preguntó una voz con acento cantado. Era Osmany, el cubano de seguridad
Valeria se sentó en el borde de la reposera junto a la piscina infinita del resort en Scottsdale.
El día de mi boda, en una capilla diminuta de East LA, con olor a gardenias de oferta y las bancas llenas
El ascensor del edificio Oceanía subía demasiado rápido aquella noche. En la mano llevaba una bolsa con
Entré a la boutique de Sunset Boulevard con las manos sudando. No era mi mundo. Los maniquíes parecían
Valentina maldijo en voz baja cuando la camioneta se sacudió y murió justo a la salida de Alamogordo.
Todavía me tiembla un poco la voz cuando cuento esto, así que disculpen si me trabo. El caso es que llevo
Valeria se quedó inmóvil detrás de la puerta de la lavandería. No era la primera vez que doña Socorro
Mariana siempre decía que el amor de su vida le llegó con olor a café recién molido. Conoció a Eugenio
La frase flotó en el aire como el humo de un cigarro, densa e inevitable. —Mijita, tú entiendes… aquí









