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Agarré el micrófono y vi a mi hermana Dani sonreírme desde la cabecera de la mesa. Veinticinco años.
La noche de la quinceañera de Valentina Sofía, el salón de banquetes en West Kendall olía a gardenias
Valeria Castillo llegó a la oficina diecisiete minutos antes de las ocho, igual que cada mañana desde
— Mi hijita, mañana vas y le pides el divorcio a Mario. Alejandra ni siquiera terminó de servir el café.
Nunca pensé que un jueves cualquiera, a las siete y cuarto de la tarde, mi vida se fuera a dividir en dos.
La tal Elena Romero llegó al hotel Hilton del downtown de Miami a las ocho y cuarto de la mañana.
El vuelo de Nochebuena llevaba dos horas de retraso y yo estaba para matar a alguien. El aeropuerto de
A veces uno gana y se queda sin nada. Esa tarde, cuando el juez firmó los papeles, yo estaba seguro de
El día que le pedí el divorcio a Valeria, no le dejé ni la sombra. La camioneta Silverado, la cuenta
La casa estaba impecable. Las copas de vino brillaban sobre la mesa, las velas encendidas, y la brisa









