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Esteban jugaba con el pan de ajo sobre el mantel de papel. No lo partía. Lo movía de un lado a otro como
Diego Martínez acomodó el pañuelo de seda en el bolsillo de su traje marfil y se miró al espejo con una
Luis estaba tirado en el sofá, con las piernas colgando del apoyabrazos, jugando algún jueguito en el celular.
La noche caía pesada sobre la Calle Ocho. El aire olía a asfalto recalentado y a la fritanga de un carrito
Los meseros apenas terminaban de llenar las copas de cristal cuando la puerta principal de aquel salón
La voz de la niña atravesó el salón como un cristal al romperse. —Dime que me equivoco —dijo, apenas
Cuando cumplí sesenta y tres años, llevaba tanto tiempo sola que ya ni me acordaba de lo que era compartir
El pasillo del hospital olía a desinfectante barato y a gardenias mustias. Yo cargaba un ramo de girasoles
El rugido del camión de la basura despertó a María del Carmen, como todos los miércoles a las seis de
En el corazón de Little Havana, la tienda de antigüedades “El Baúl de los Recuerdos” olía a madera encerada









