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La tal Elena Romero llegó al hotel Hilton del downtown de Miami a las ocho y cuarto de la mañana.
El vuelo de Nochebuena llevaba dos horas de retraso y yo estaba para matar a alguien. El aeropuerto de
A veces uno gana y se queda sin nada. Esa tarde, cuando el juez firmó los papeles, yo estaba seguro de
El día que le pedí el divorcio a Valeria, no le dejé ni la sombra. La camioneta Silverado, la cuenta
La casa estaba impecable. Las copas de vino brillaban sobre la mesa, las velas encendidas, y la brisa
Faltaban treinta minutos para la boda. Yo no encontraba a mi hijo Sebastián y el ruido de los cubiertos
El líquido dorado empapó la blusa de seda color marfil, frío, espeso, humillante. Luego escurrió en hilos
Mi familia venía a comer gratis con envases vacíos, hasta que les di una lección que nunca olvidarán
Maricela se quedó mirando el envase de plástico que su hermana Laura acababa de sacar de la bolsa.
Y bueno, que el jueves a las siete y media de la mañana me llama Miguel, el contratista, y me suelta
El golpe seco de la cadera contra el suelo apagó la música del mercado. La mujer quedó tirada entre puestos









