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La cabaña junto al lago en el sur de Florida era lo único que me quedaba de mamá. No era una mansión
A la una de la tarde, con el sol pegándole duro al asfalto de la calle Cuatro, los niños del campamento
Esa noche me tocó el turno de diez a seis en el Hospital General del Este. Llevo once años vigilando
El polvo del Valle de Río Grande se pegaba a la pintura negra como azúcar morena. Mi camioneta, una GMC
El día que supe que mi matrimonio llevaba muerto quién sabe cuánto, olía a Lysol y a frijoles quemados.
El sobre de la llave era color crema, sin membrete, pero olía al perfume que mi suegra, doña Elvira
La primera vez que Pepé desapareció pensamos que había sido un descuido. La puerta del patio se quedó
Les cuento. Soy Carmen, vivo en Los Ángeles, en Boyle Heights. Enfermera en el White Memorial, turnos
Me llamo Luis, tengo veintinueve años, soy mecánico en un taller de Phoenix y nunca me he casado.
A Valentina todavía le temblaban las manos por el frío del aire acondicionado y la llovizna que le había









