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—¡Señor Baldomero, sálgase de esa entrada, que no le va a dar tiempo! —gritó la señora Carmen Reyes
El sábado en la tarde olía a pino y a limpio en la sala de la casa de Rebeca Acosta. No era el pino de
Sergio y yo nos enteramos de lo de Karina, la de noveno grado, en el pasillo, cerca del salón de química.
Seis años. Seis años enteros convencido de que mi madre había matado a mi padre. Durante todo ese tiempo
Rosalinda Muñoz tenía sesenta y un años cuando su hija Yolanda entró al restaurante de comida salvadoreña
Llevo veintidós años como recepcionista en el bufete de Contreras & Salinas, en la calle Flagler
Me llamo Marcos Herrera, tengo veintinueve años, y durante mucho tiempo pensé que mi vida se iba a definir
Setenta Velas en el Cuenco de Vidrio Yo soy Marcos Beltrán, tengo treinta y cuatro años, trabajo instalando
Claudia Reyes nunca hacía nada por impulso. Antes de firmar el contrato de arrendamiento de su oficina
La casa donde vivía Magda parecía sacada de una revista de decoración. El césped bien cortado, las macetas









