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Marisol Reyes llevaba doce años poniendo la mesa de los domingos en casa de su suegra, y esa tarde de
Esa mañana la tienda estaba vacía. El aire acondicionado soplaba tan fuerte que se oía el zumbido por
Yo atiendo la caja del Súper Los Compadres en la calle 26, aquí en Reading, Pensilvania, desde hace nueve
A las nueve y veinte de la mañana, Marisol Duarte le sirvió el último café a su esposo antes de que él
Esa noche llovía tan fuerte en Union City que Marisol Fernández llegó al cine con el paraguas roto, empapada
Yo, Camila Reyes, tenía veintiocho años y estaba a punto de casarme con Diego Salcedo en el salón de
Leonor tiene setenta y dos años y una regla que jamás rompe: los domingos no se toca su puerta antes
Yesenia tenía las uñas negras de tierra cuando volvió a hincarse frente a la cama de madera, otra vez
Rosa Delgado encontró a su nieta Camila con un marcador Sharpie en la mano, escribiendo sobre los baldes
Durante treinta y ocho años, mi esposo Ramón puso cada noche dos vasitos sobre la mesa de nuestra cocina









