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030
La Cena de los Dieciocho
Maricela apartó un mechón rebelde de la sien, que ya estaba más gris que negro, y dio un último vistazo
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08
—Quiero al perro más viejo que tengan
Marisol levantó la vista de la pantalla y miró a la mujer. En dos años como voluntaria del refugio «Patitas»
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06
La esposa de mentira que le presenté a mi ex en su propia boda
Diez años. Así, sin avisar, se cumplieron diez años desde que Camila empacó un par de maletas y se fue
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021
La mano que pagó su matrícula
Nunca supe si llamarlo traición o simple vergüenza. Tal vez ambas. El caso es que Gael, mi hijo, a quien
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015
La Sombra del Caguama
El patio trasero de la casa en San Antonio olía a carne asada y a las gardenias que tanto cuidaba mi
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07
El Gato Que Me Miró Como a un Extraño
Marisol nunca pensó que un animal pudiera romperle el corazón con una simple mirada. Pero ahí estaba
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026
El Acura MDX negro se encendió con un parpadeo de luces. Sobre el capó, un gato atigrado de pelaje gris se estiraba con una lentitud insultante. No era un callejero cualquiera. Tenía el lomo limpio, las orejas erguidas y una mirada color ámbar que parecía tasar a Andrés de arriba abajo. Eran las siete y diez de la mañana en el estacionamiento subterráneo del edificio corporativo en Brickell. Andrés apretó el maletín de piel Tumi contra su costado. La reunión con los desarrolladores de Doral era en cuarenta minutos. Cuarenta minutos exactos para cruzar la ciudad, subir al piso catorce y firmar el contrato que definiría la fusión de su firma de arquitectura. Pero el gato no se movía. Parecía una esfinge miniatura posada sobre el metal negro, calentándose con el calor residual del motor. Andrés chasqueó los dedos. Silbó. Hizo ese ruido con la lengua que supuestamente ahuyenta a los animales. Nada. El gato entrecerró los ojos, apoyó la cabeza sobre sus patas delanteras y exhaló un suspiro casi humano. Un suspiro que decía: “Tú no mandas aquí”.
—Ese bicho es suyo, ¿verdad? —preguntó una voz con acento cantado. Era Osmany, el cubano de seguridad
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011
La cartera manchada
Valeria se sentó en el borde de la reposera junto a la piscina infinita del resort en Scottsdale.
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018
Lo que esconde un portazo
El ascensor del edificio Oceanía subía demasiado rápido aquella noche. En la mano llevaba una bolsa con
La vida
012
La pantalla que estaba justo detrás de ti.
—La pantalla que estaba justo detrás de ti. Aquellas palabras no sonaron fuertes. Lucía las dijo casi